LA CANCIÓN DE LA TROVA
Los orígenes de lo que llegó a conocerse como la Nueva Trova Cubana deben buscarse en el trabajo de bohemios cultores del folclore cubano, empedernidos enamorados de la belleza del paisaje y las mujeres, que cantaban ritmos de la isla, como el son, el bolero y la guajira, sin dejar fuera la crítica a los problemas sociales. Ese es el género al que estrictamente debe llamarse Trova, el bolero cubano de letras profundamente poéticas que se cantaba a finales del siglo XIX y principios del XX. Cabe destacar entre ellos a tres: Miguel Matamoros, autor del bolero Lágrimas Negras, Eduardo Saborit, autor de Son de la loma y Carlos Puebla, autor del conocido tema en honor al che Guevara, Hasta siempre. De estos referentes de principios del siglo XX hay que ir hasta julio de 1967, cuando se realizó el I Encuentro Internacional de la Canción Protesta, en Varadero, Cuba. Posteriormente a éste, en 1969 se promovió la creación del Grupo de Experimentación Sonora del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) con los jóvenes que participaron en el mencionado encuentro. Ellos formarían, en 1972, lo que se conocería como el Movimiento de la Nueva Trova Cubana, integrado por artistas en ese entonces jóvenes y desconocidos, como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Vicente Feliú, Noel Nicola –fallecido en 2005–, Sara González y Amaury Pérez. El Movimiento floreció bajo el régimen comunista de Fidel Castro, y acogió en festivales y encuentros a artistas de todo el mundo, apoyando el surgimiento de nuevas generaciones de cantantes cubanos como Carlos Varela, Gerardo Alfonso, Ariel Díaz y otros más, que han fusionado nuevos ritmos a la antigua tradición isleña de cantar lo que se siente y se piensa.

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